La cordada, los dos o tres amigos que tienes para ir a la montaña, escalar y pasarlo bien.
Antaño comenzabas con un grupo pequeño, mas bien un par de amigos y otro que se apuntaba. Crecía la pandilla y se sumaba gente. Uno te enseñaba, y luego enseñabas tú. Cada uno tenía un papel dentro del grupo, un rol o vamos a llamarlo un personaje. El prudente, el loquillo, el tranqui, el padre, el golfo. Se van dibujando las personalidades porque suele coincidir con el paso de la pre adolescencia a la adolescencia... y algunos siguen por esas lides.
Mateo y Diego cumbre del Yelmo año 2006
Ahora ha cambiado mucho la forma de relacionarse y escalar. Nos vemos abocados a los planes de último momento. Un mensaje de wasap, y a pasar media mañana con luego una comida y cervezas en el pueblo. También es que no tenemos el mismo ímpetu y la ansiedad de escalar todo el día, como antaño. Nos hemos aburguesado en ese aspecto y la vida nos hace vagos, el fin de semana queremos descansar.
Mario y Diego año 2008
Pero si tengo cierta añoranza por esos tiempos que nunca van a volver; no fueron mejores. Esos tiempos en los que con un poco mas de ilusión e incluso motivación salíamos a escalar.
Covacha de los Fresnuelos. Mireia, Diego, Mario y Mateo.
Es muy complicado mantener a los amigos pues las vidas convergen en cierto punto, no me siento mal al dejar ir, proporcionar espacio o incluso no atosigar a personas que ya tienen otros proyectos. Escalar no lo es todo, solamente una parte.
Agus, Robe, Alfons en la cumbre del Pico de la Miel
Aprovecho por aquí para recordar a los viejos amigos que lo siguen siendo aún, pero como digo por diferentes motivos ya no nos vemos o no escalamos juntos. ¿Se puede? Claro que se podría hacer el esfuerzo, pero ese es quizá el problema. No debe ser un esfuerzo.
Perru y Muño por los laberintos de la Pedriza
No me quedan ya malas sensaciones con nadie si no rebusco en mis oscuros recuerdos. Cada uno tiene su gotera y su pedrada. No se puede aguantar todo, hasta cierto punto. Ya me voy haciendo mayor y no soy el "niño" que aprende y calla ante las contigencias de cada uno. Que yo las tengo el primero por supuesto, a mí no me soporta ya mucha gente. Por eso escalo en solitario muchas veces. Y me encanta.
Alfons, Helena y Calamardo.
Un saludo y abrazos, a todos los que un día nos juntó una maroma de color verde y gorda. Hacíais bromas sobre mi larga melena, os interesabais por mis novias, por mi familia y mi proyección laboral. Gracias por enseñarme tanto, aprendiendo de todas vuestros matices malos y buenos. Por ser generosos conmigo regalándome material, no cobrándome la gasolina o simplemente invitando a comer o cenar en vuestra casa, como yo también os invitaba.
Nacho y Gonza
Gustavo y Gabi
Mary, Soti y Mario
Gonza, Calamardo, Alfonsa y Muño en el refugio.









































