domingo, 3 de mayo de 2026

Equipadores compulsivos

 




 

 Equipadores compulsivos*

 
Instalar bolts en fisuras nunca había sido un tema delicado, una opción del aperturista ni nada sobre lo que debatir. Las fisuras no se equipan, o no se equipaban, porque hace poco se proponía —en las redes— una especie de referéndum al respecto: equipar las de una escuela concreta para que la gente las repitiera, bajo pretexto de mantenerlas limpias. En otro contenido reciente, ahora en Cuenca, otro escalador se grababa equipando una vía y explicando cómo iba a sikar algunos de sus agarres, rematando con una desafiante apelación a su propia soberanía. El denominador común de ambos casos es un doble afán. Por una parte, generar comentarios e interacciones para adquirir notoriedad; por otra, justificar la compulsión equipadora, que se vale y se valdrá de cualquier excusa con tal de no verse comprometida.


Las polémicas, además, sirven para poner el termómetro; la relación entre detractores y agradecidos, como se dice en uno de esos contenidos. Aparte del baño de aprobación que esperan de los segundos, los equipadores compulsivos quieren asegurarse de que no encontrarán una gran oposición a sus propuestas. En el primer caso, se constató suficiente malestar como para que la iniciativa no prosperara. En el segundo, que es bastante diferente, se impuso el cliché de la abnegación de quienes equipan vías. Como quiera que sea, ambos demuestran que hemos entrado de lleno en la era de la escalada de consumo, donde gran número de practicantes ni siquiera tiene conciencia de que existan éticas; de que hayan existido alguna vez. Si acaso, se va dando por hecho que todo ha de adaptarse al escalador-consumidor, para que no tenga que cargar con material flotante si va a una escuela deportiva, para que no se las vea con los rigores de las vías ochenteras, para que el parque de atracciones cuente con todas las comodidades.


Digamos la verdad sobre algunos mitos. Los equipadores compulsivos no cambian pañales a ancianos. No están haciendo ningún esfuerzo loable y desinteresado hacia ningún colectivo. Simplemente les gusta taladrar y casi siempre figurar, y esto implica desde reequipar lo que no precisaba en absoluto de un reequipamiento, hasta fusilar paños con una plantilla que disimule, precariamente, que prácticamente no queda espacio entre líneas. Y digamos más verdades del barquero: solo una acusada mediocridad intelectual puede secundar un «no chapes si no quieres», validar argumentos como el de que no todo el mundo puede permitirse friends, o que es el equipador, en sus ímprobas aportaciones a ese colectivo, quien decide. Alguien me habló una vez de ciertos Escaladores de la noche que retiran ferralla, que hasta recurren a finos trabajos de restauración estética cuando intervienen, así que, supongo que ellos también deciden, o decidirían si realmente existieran.


No es fácil dilucidar si la práctica masiva impone una mentalidad industrial y maximalista, o si son los equipadores compulsivos —que son bastantes— quienes lo hacen; posiblemente sea un bucle de retroalimentación, que, frecuentemente, causa todo tipo de estragos: cepillado de grandes extensiones de musgo, congestión de sectores e incremento de las restricciones. Todo a cambio de un séquito de aduladores, de la publicación de la enésima guía y —en los casos más acusados— de una especie de mesianismo delirante. Y no hay mucho más que añadir, más allá de que ningún héroe ni heroína necesitó nunca de la validación de nadie, que las cosas grandes y nobles no se sobreexponen, y que el afán por hacerse notar a cualquier precio, en casi todas las ocasiones, suele aparejar una flagrante falta de creatividad.

 

lunes, 27 de abril de 2026

Aguja Manuel Iradier

 

 

Vista en la parte central de la aguja desde el Risco de las Bellotas, al fondo la cuerda de los porrones y la inigualable Maliciosa.

Una aguja casi desconocida para muchos. Ni siquiera recuerdo cuando la descubrí aquella época que peinamos las vías del risco Verde, risco de la Zarpa y el risco de las Bellotas. 

 

Manuel Iradier fue un explorador, si queréis mas info buscad en la red. Aunque la verdad, desconozco si está dedicada a esa persona en concreto.

 

 En cuanto a la vía que nos atañe he de decir que existen dos vías. La normal antigua y la moderna por así decirlo. 

La moderna es evidente y es la que yo recorrí en solitario. Una ristra de parabolt y spit evidente en A0. Los parabolt a veces están duplicados debido a la mala expansión de los seguros. La roca es muy arenosa, hay que tener cuidado con los patinazos sobre los estribos. 


 

 

La antigua no es tan evidente. Sobre el lomo de la cara oeste hay unos maceados, que terminan en una arista, el asegurador se pasa a la cara norte y descuelga al primero hasta una cornisa ascendente que lleva a unas fisuras de roca un poco mas franca, pero no lo es tanto. Un primer buril muy gordo paralelo a una veta llamativa lleva a otros dos anclajes que presumo son los que colocaba mi abuelo para el tendedero de la ropa. Incluso para darles mas empaque han sido cementados posiblemente... Cierta ansiedad supone colgarse de ellos. 

 


 

La arista con los maceados

Desde el último parabolt de la burilada moderna, (que es con argolla) hay un paso sobre los anclajes antiguos que os podéis ahorrar. Yo me subí y al no encontrar anclaje en cumbre me bajé destrepando a la pieza en concreto. Ya no lo vuelvo a hacer. 


 El último seguro a cumbre, no me entraba el mosquetón y opté por una corbata. 

 

Ahora toca rapelar desde la argolla solitaria en "esa arena con forma de aguja". Interesante por hacer una cumbre romántica, pero la verdad es que hay un puñado de vías en los alrededores mucho mas seguras.


 Cara norte en una mañana soleada de Abril. 

 

  

domingo, 29 de marzo de 2026

Anclajes vetustos

 




 

Algunas imágenes de los anclajes que han de cambiarse. El trabajo como siempre, ha de hacerse con los mejores materiales disponibles. Aunque muchas veces se complique, acabar tareas y esforzarse en hacerlo con el máximo respeto y buen hacer. En nuestro caso el material es pagado de nuestro bolsillo, muchas veces nos vemos abocados a empezar trabajos y a finalizarlos a los meses. Debido al costo del material inoxidable. No lo hacemos por altruismo, yo personalmente lo hago por mi propio interés, zonas cercanas a casa y no publicadas en guías modernas. Escapar de los lugares comunes que se ponen de moda motivados por las imágenes que se suben a redes sociales y demás modernidades. 

Encontrar un remanso de paz, donde pueda escalar en solitud, un lugar donde no escuchar conversaciones ajenas en el pie de vía, música en los teléfonos móviles, olores a sustancias psicotrópicas, perros ladrando, defecadores en los caminos...

Siempre tengo que meter mi cuña habitual, no lo puedo evitar. Algún día cambiará el "leitmotiv" de éste blog... algún día.  

 


Refuerzo de un descuelgue tipo "U" química con maillon y argolla inox. Evitando desgaste del material fijo y dando opción en un futuro a cambiar solamente la argolla.

 

 

Oxido en los eslabones, sustitución de descuelgue todo inox




 

Restos de una antigua vía de los lejanos años noventa. 




 

Los restos de partículas metálicas arrastradas por el agua, los clásicos "chorretones" generan un impacto visual en la roca horrible. 




 Tapar los antiguos casquillos de los spit es interesante a efectos visuales y seña de un buen trabajo